12/9/17

Reseña: La jaula dorada (Dones oscuros I)


 En la reseña de hoy nos adentramos en la Inglaterra alternativa que Vic James nos propone en su primera novela La jaula dorada (The Gilded Cage), la primera entrega de una trilogía distópica que La Galera trae a España. Este título fue uno de los que leí este verano dispuesto a dejarme sorprender, y en efecto no hay otra palabra más adecuada que "sorprendente" para definir una novela como esta. ¿Queréis saber por qué? ¡Dentro reseña!
Dones oscuros I; La jaula dorada
Autora: Vic James
Traducción: Ángeles Leiva
Editorial: La Galera
Páginas: 336

Sinopsis (no oficial): Nacer Diestro es sinónimo de formar parte de la élite que gobierna el mundo y poseer poderes con los que la población corriente solo puede soñar. Nacer Ordinario implica una deuda de diez años al servicio de los Diestros; una década robada de sus vidas para sostener un sistema basado en la sumisión de los débiles y el control de los poderosos. Pocos tienen el privilegio de decidir dónde servir su decenio de esclavitud, y la mayoría acaban pasándolo en insalubres ciudades de esclavos. La familia Hadley, sin embargo, escoge pasar sus diez años como esclavos de los Jardine, la familia Diestra más poderosa del país. Lo que no saben es que hasta la más lujosa de las mansiones puede llegar a ser una cárcel, y que si los rumores que corren son ciertos, la esclavitud podría tener los días contados.
Opinión personal:

 La jaula dorada es una novela de contrastes, en la que conviven la revolución en las ciudades de esclavos y la intriga política protagonizada por los Diestros; dos caras de una misma moneda que, sumadas a un constante cambio de perspectivas, conforman una historia ágil e interesante.

 Siendo francos, el argumento del que parte no es algo que no hayamos visto antes, y el universo en el que la historia transcurre cojea de más de una pata en su construcción, lo que le impide llegar a ser del todo creíble como una sociedad alternativa. No obstante, su ambientación introduce suficientes elementos combinados con acierto como para atraer la atención del lector en un primer término, y el arranque de la novela la sitúa, a priori, como una historia consistente.


 Los aciertos en su ambientación tratan de compensar la inconsistente caracterización de sus personajes, cuyo comportamiento no es consecuente con sus motivaciones y resta coherencia a una trama que no tiene las ideas muy claras. Ningún personaje parece estar del todo definido, y a menudo sus acciones no tienen impacto alguno en la trama a pesar se sugerir lo contrario.

 Lo que en un principio parece una narración consistente enseguida pierde toda cohesión, y aunque hace un buen trabajo al presentar al lector múltiples perspectivas aun en tercera persona, de poco sirve cuando la trama se empeña en avanzar a trompicones ignorando por completo a sus personajes. Los compases finales de la historia sirven para constatar este hecho y cerrar la novela de la forma más caótica posible, en la que Vic James nos lanza giros inconsecuentes y sin relación alguna entre sí, como si ante la imposibilidad de decidirse por un solo final hubiera decidido utilizarlos todos al mismo tiempo.


 Muy parecido es el regusto que dejan las tramas secundarias. Algunas resultan tan enriquecedoras como la del personaje de Euterpe Parva, cuya Destreza crea un mundo ficticio en su propia mente para sobrevivir a su trauma, pero otras apenas tienen desarrollo y aportan muy poco a la novela, como el intento de romance entre la mayor de los hermanos Hadley y el trágicamente No Diestro Jenner Jardine.

 Entre las páginas de La jaula dorada me parece reconocer las claves de una buena novela y un mundo delicioso, pero por mucho que me esfuerce en disfrutar de ella cada incoherencia me sorprende más que la anterior. Una vez terminada la novela no experimento mucho más que confusión, y no sé reconocer si he disfrutado o no de su lectura. Entre claros y sombras una infinita escala de grises hace difícil valorar si la ficción de Vic James brilla más por el potencial que demuestra de lo que se oscurece por sus notables errores, una incógnita que será difícil despejar hasta que los cabos sueltos queden atados en las próximas entregas de Dones Oscuros.

 A diferencia de mí, el reseñómetro tiene las ideas muy claras. Le cedo a él el honor de hacer una valoración final:

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