2/4/17

Reseña: La flor de fuego


 Mañana termina la cuenta atrás. Será 3 de abril, el día de la llegada a librerías de La flor de fuego, la última novela de Alba Quintas, a quien por estos lares tenemos en un altar por ser la autora de La chica del león negro. Gracias a Nocturna Ediciones tengo ya en mis manos lo último de esta joven escritora, y tras su lectura he de decir que no me hallo sorprendido. Es una novela tan demoledora, crítica y brillante como prometía. Dejadme que os cuente por qué La flor de fuego es la novela que no os podéis perder este mes, este año y, por qué no decirlo, en muchos años por venir:
La flor de fuego
Autora: Alba Quintas Garciandia
Ilustraciones: Estefanía Portillo
Editorial: Nocturna
Páginas: 296
Publicación: 03/04/17

Sinopsis (no oficial): Tras escucharse los primeros disparos, todos huyen despavoridos del instituto. No, todos no. John camina hacia ellos, en dirección a quienes están causando el caos entre alumnos y profesores, a quienes están regando los pasillos de sangre. La flor de fuego es una historia basada en la devastadora masacre de Columbine, pero no es, ni mucho menos, la historia de un tiroteo. Tampoco es solamente la historia de John. También es la de Kit, Emily, Gabrielle, Lucy, Noel y Tony. Es la historia de su amistad, de su amor, de su dolor. Es la historia de por qué Chad y Landis abrieron fuego ese día, pero es, ante todo, una oda a la paz.

Lee aquí las primeras páginas.

Opinión personal: 
 La flor de fuego es una novela que, a priori, tendría todas las papeletas para no gustarme. Una historia realista que no podía alejarse más de los mundos fantásticos que suelen protagonizar mis lecturas, ambientada en una de las mayores masacres jamás perpetradas en un instituto estadounidense: el tiroteo de Columbine en 1999. Pese a ello, no dejó de ser una de las novelas que esperaba con más ganas este año. La razón tiene nombre y apellido: Alba Quintas.

 Como en su día ocurrió con La chica del león negro, la lectura de La flor de fuego me ha durado apenas un día. Así de adictiva es la prosa de Alba, una autora que logra cargar de significado hasta lo que podría parecer insignificante. Vaya si lo logra.


La realidad a través de la ficción:
 Es complicado saber por dónde comenzar a abordar la profundidad de una obra como esta, aunque otros más sabios que yo ya lo han hecho por mí. Jordi Sierra I Fabra la tilda de demoledora, Andrea Izquierdo  la cree rompedora y necesaria e Iria G. Parente habla de una historia emocionante y asombrosa que dispara crítica social y deseos pacifistas. Ninguno de ellos se equivoca, y es que La flor de fuego es todo eso y mucho, mucho más.

 Esta es una historia poderosa, que aplica un filtro de ficción a una historia desgarradoramente real. Hay nombres nuevos, y los hay que son distintos, pero todos ellos, ficticios o no, viven la calma y la tormenta de una masacre real. Y por más de un instante, el lector es otro más de los testigos, huyendo del estruendo de las balas, o quizás corriendo hacia él. Algunos sucesos se conocen a través de documentos reales integrados en la historia con el mayor respeto y fidelidad posible hacia los acontecimientos originales, pero a la vez distanciándose de sus protagonistas. Los personajes de La flor de fuego no dejan de ser producto de la ficción.


 Porque aunque el tiroteo de Columbine sea el conflicto central de la novela, tras ponernos en contexto la autora retrocede durante la mayor parte de esta a la antesala de la tragedia, siguiendo de cerca al personaje de John. John tiene, como todos los adolescentes, una complejidad emocional tan creíble que asusta. Lo mismo se puede decir de aquellos que le rodean; hablo de amigos como Kit, Emily, Noel o Gabrielle, quienes viven en primera persona el desadtre, pero también de quienes, en esta ficción, perpetran la masacre: Chad y Landis.

 Quizás no me creáis ahora, pero todos y cada uno de los personajes es alguien con quien se llega a empatizar sorprendentemente rápido. Todos, sin excepción, son tan reales como vosotros o yo, y su arco emocional produce un impacto en el lector del que pocas novelas pueden presumir. Es difícil de explicar como uno puede sentirse identificado tanto con aquellos sentimientos que le son familiares como con aquellos que jamás ha experimentado. No sé cómo, pero Alba lo consigue.


Palabras; las armas más poderosas:
 Creo que jamás insistiré demasiado en lo potente que es la prosa de esta autora. Cada página esconde frases muy poderosas, como las citas que acompañan a esta reseña, que no son más que una mera selección de aquellas que más llamaron mi atención (y que no suponen spoiler, claro).

 Potentes son también las ilustraciones de Estefanía Portillo. Confieso que su estilo no es uno que me encante, pero las imágenes hacen un gran trabajo acompañando a una historia que sin ellas nos llegaría un poquito menos al corazón.

 Más intensa será la experiencia si escuchas la lista de reproducción con todas las canciones que han acompañado a la autora durante la escritura de la novela. Estas figuran al final de la novela, un bonito detalle, pero también podéis acceder a la lista pinchando en la siguiente imagen:


 Llego a las últimas líneas de la reseña, y siento que aún no le he hecho justicia a La flor de fuego, que aún queda mucho por contar. Aún no conocéis la cercanía entre el lector y la historia, no conocéis la paz, no conocéis la justicia. No conocéis la ambigüedad del sentimiento de desolación que acompaña a algo que logra ser perturbadoramente bello. Pero, ¿sabéis qué? Para descubrirlo, tendréis que cursar un día de clases con John, enamoraros de Kit, llorar con Emily y sentir odio a la par que compasión por Chad y Landis. Ellos, no yo, tienen una historia esperando a ser contada.

Una historia que alcanza el corazón de forma más rápida y certera que cualquier bala.

 ¿No es así, reseñómetro? ¿Tú que opinas?

Consulta aquí el calendario de presentaciones.
(¡Nos vemos en la de Vigo el 5 de mayo!)

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