25/2/17

Reseña: Rojo y Oro

Nota: todas las ilustraciones que figuran en la entrada son obra de Mar del Valle.

  Contadme, oráculos, la historia de cómo Iria y Selene lo volvieron a hacer. Habladme de los dioses del Mundo Superior, de su sangre dorada y su vida eterna. Susurradme aquello que se cuenta de las amazonas, y su sangre roja derramada en el Mundo Medio. Guardad los secretos, las lágrimas y las emociones de todos aquellos que hemos sido oyentes de vuestras historias, y mostradle a quienes no lo han sido las puertas abiertas del Caos, esperando a que las crucen.

  Leed, mortales, la huella de Rojo y Oro y mi reseña. Acercaos un poco más a la última de las obras de Iria G. Parente y Selene M. Pascual, que de nuevo os espera con las páginas abiertas.
Rojo y Oro
Autoras: Iria G. Parente / Selene M. Pascual
Editorial: Alfaguara
Páginas: 446
Publicación: 16/02/17

Sinopsis (no oficial): Rojo es el mundo de Asteria, una amazona obligada a combatir como gladiadora para el emperador de Élada tras haber este sometido a su pueblo.
  Dorado es el mundo de Orión, hijo del  Caos,  esclavizado en el Mundo Superior al servicio de Hera por los crímenes cometidos por su madre.
  Ninguno de esos colores representa la libertad. Ninguno implica la justicia que ansían, pero sí inspiran la venganza que merecen. Dios y mortal buscan romper sus cadenas, sin saber que estas se entrelazarán llegado el momento de cumplir su objetivo. Sobre y bajo los cielos los cimentos del gobierno se sacudirán violentamente cuando sangre roja y dorada sean una sola, y los designios de los dioses compitan por ser cumplidos. 
Opinión personal: 

  Ningún dios del Olimpo (o diosa, como diría Asteria) podría jugar con las palabras como lo hacen Iria y Selene, cuya narrativa sigue siendo una delicia de la primera a la última línea en una propuesta tan novedosa y familiar como es Rojo y Oro. Familiar porque regresamos a dos puntos de vista que se reparten la carga de la narración (Asteria y Orión) con la reconocible prosa de Iria y Selene, pero novedosa porque en esta ocasión nos trasladamos a un nuevo contexto que reclama nuestra atención a gritos… o a cantos.

Un canto a la libertad:

  Nos alejamos de una ambientación medieval para adentrarnos en otra de inspiración grecolatina, de nuevo en un mundo ficticio aunque recogiendo personajes y episodios célebres de la mitología propia de nuestro mundo. Es curioso que, cuando se opta por esta ambientación, suele tratarse de novela histórica, pero Iria y Selene han aplicado a su mundo el mismo tratamiento de ficción que estamos más acostumbrados a ver con contextos medievales; una decisión que funciona y aplaudo.

  Más breve y directa que anteriores obras de las autoras, esta historia autoconclusiva alterna los puntos de vista de Asteria y Orión con cantos narrados en tercera persona por una voz indefinida, que actúa de hilo conductor de la trama en los momentos más intensos. Podría decirse que en esta ocasión el argumento y sus múltiples giros cobran más importancia que nunca, forjando igualmente una fuerte conexión con los personajes, sobre los que ya no me sorprende matizar que tienen un desarrollo impoluto.



  Impolutas como el arco emocional de Asteria y Orión son también las ilustraciones, y es que aunque suelo mencionar este apartado como conclusión de la reseña, el espléndido trabajo de Mar del Valle merece su protagonismo, al ser lo que yo considero como un personaje más de la historia. Repartidas por toda la novela, sus auténticas obras de arte en blanco y negro me recuerdan mucho a la obra de Mucha (un artista que me encanta) y al propio arte grecolatino. Diría que son el complemento perfecto para la divina historia que han tejido Iria y Selene, pero tildar el trabajo de Mar de “complemento” no le haría justicia. Os aliento a dedicarle el tiempo que merece a la contemplación de las imágenes cada vez que os encontréis con una, os estaréis haciendo un gran favor.

  Tachadas las mayores loanzas de la lista me paso al bando de Eris para causar algo de Caos, y es que entre los principales detonantes de la historia (que han conseguido acribillar mi ejemplar a post-its) me he cruzado con fragmentos que los conectan con algo menos de acierto. Parte del principio de la novela, por ejemplo, me recordó bastante a ciertos capítulos de Sueños de Piedra, y aunque en seguida se desmarcó de esta, quizás lo hizo demasiado rápido, porque también encontré esa parte algo precipitada (aunque eso no es difícil cuando lo lees todo de una sentada). Del mismo modo, el desarrollo de puntos más avanzados de la historia también me pareció ligeramente más rápido de lo necesario, para encontrarme después con un camino mucho más lento hasta el final (se me está haciendo muy difícil comentar esto sin hacer spoiler).


  Resumiendo todo el párrafo anterior; aunque el ritmo de la novela se mantiene constante durante gran parte de su desarrollo, sufre pequeños y variados altibajos de forma ocasional.

Un canto al corazón:

  Nada de eso importa en realidad cuando las palabras de Asteria y Orión vuelven a calar tan hondo como en ocasiones anteriores, o incluso más en mi caso. La impotencia ante la injusticia, el dolor de las cadenas que atan, los sentimientos de mortales e inmortales; todos tocan muy de cerca al lector, y llegan a ser muy intensos  en puntos álgidos de la trama. Si pienso en la rabia y el dolor cuando leo el título de la novela es porque realmente lo he pasado mal leyéndola, y sé que así ha sido porque así había de ser y así lo querían Iria y Selene. Y eso, al margen de todas las virtudes y defectos, es lo más bonito que una historia nos puede ofrecer, y lo más valioso que nos puede enseñar.

  Cada frase vale oro, especialmente cuando se genera un universo tan dinámico como el que han vuelto han crear Iria y Selene. Desde el título -que en un principio se me antojaba algo aburrido y  ahora lo considero el mejor que podría tener- hasta la impecable ambientación  de Élada, un Imperio en el que existen personajes como Asteria, que al ser criada exclusivamente entre mujeres se expresa utilizando siempre el femenino genérico, algo que sólo se le podía haber ocurrido a Seliria y es una muestra más del trabajo que hay detrás de cada mínimo detalle. No sólo es algo lógico; es maravilloso.

  Pero, si soy sincero, lo que recordaré de la novela no será nada de lo que os acabo de contar. No será su ambientación ni su cuidada prosa, y menos aún sus pequeños defectos. Tampoco será el impacto emocional que cada pérdida y cada instante ha dejado (y cómo duelen), ni que la historia siga progresando cuando parece que el final está cerca, ofreciendo nuevas motivaciones a los protagonistas para seguir luchando cuando todo parece perdido. Me quedaré con el sabor de boca, a sangre e icor, que me ha dejado el final. Unas últimas palabras que han conseguido, en muy pocas líneas, que la novela escale varios puestos en mi lista de obras favoritas, y sea una de las mejores que las autoras han escrito hasta la fecha. Lo que es indiscutible por decreto divino es que si ha dolido es precisamente porque es el mejor final que han creado jamás, y el único que me ha llenado por completo de todas sus novelas. En otras de sus obras también fueron buenos, pero estaban lejos de ser lo más destacable de ellas, ni tan redondos como el de Rojo y Oro.

  
  Degustada la ambrosía se acaba aquí mi trabajo, y me despido con una ofrenda en forma de cita y un último rezo a sus divinidades que pondrá nuestro reseñómetro. Él siempre sabe medir bien las palabras…
Soy un dios. El corazón no debería dolerme. El sufrimiento puede tocarme, pero mi cuerpo se cura al instante. Pero, ¿qué pasa cuando tienes dolor aunque no haya ninguna herida?


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2 comentarios :

  1. ¡Gracias por la reseña! Me han entrado todavía más ganas de leerlo. Las ilustraciones son preciosas ^^

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  2. No puedo estar más de acuerdo contigo. Una novela fantástica.

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